Todos dormían en la vieja casa familiar del pueblo, y la paz sólo era interrumpida por los ronquidos del tío Ricardo que sonaban como truenos en una noche cerrada de tormenta. El pequeño Nicolás, después de un "do de pecho" contundente, en la habitación de al lado, se despertó, y a partir de ahí sus ojos se conviertieron en luceros al filo del alba. Una vuelta, dos, tres..., interminables, y sin poder conciliar de nuevo el sueño. Y de repente un estruendo magnifico en la cocina que hace que empiece a dispararse su respiración entrecortada por el asma, que vuele su mente imaginando el asedio de un ladrón..., o lo que es peor, un asesino; que los latidos se aceleren ante el miedo y que la primera acción reflejo sea la de ponerse la manta por encima de la cabeza y adoptar una posición fetal. Otro estruendo y el miedo se convierte en terror apareciendo por fin los sudores fríos. Después la luz del pasillo se enciende y por una rendija de la manta asoma su ojo, viendo a la abuela con una escoba, mientras madice al pequeño gato blanco que rondaba los restos de la cena y que la ha preparado parda al tirar los vasos que había sobre la encimera.
domingo, 30 de septiembre de 2012
Función #2: Sudores fríos
Todos dormían en la vieja casa familiar del pueblo, y la paz sólo era interrumpida por los ronquidos del tío Ricardo que sonaban como truenos en una noche cerrada de tormenta. El pequeño Nicolás, después de un "do de pecho" contundente, en la habitación de al lado, se despertó, y a partir de ahí sus ojos se conviertieron en luceros al filo del alba. Una vuelta, dos, tres..., interminables, y sin poder conciliar de nuevo el sueño. Y de repente un estruendo magnifico en la cocina que hace que empiece a dispararse su respiración entrecortada por el asma, que vuele su mente imaginando el asedio de un ladrón..., o lo que es peor, un asesino; que los latidos se aceleren ante el miedo y que la primera acción reflejo sea la de ponerse la manta por encima de la cabeza y adoptar una posición fetal. Otro estruendo y el miedo se convierte en terror apareciendo por fin los sudores fríos. Después la luz del pasillo se enciende y por una rendija de la manta asoma su ojo, viendo a la abuela con una escoba, mientras madice al pequeño gato blanco que rondaba los restos de la cena y que la ha preparado parda al tirar los vasos que había sobre la encimera.
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