Estaba apoyada en un árbol mientras veía como revoloteaba una hoja en el suelo - ocre y con agujeritos que hacía menor su resistencia al viento -. La calle abarrotada por personas con prisa, que como hormigas se dirigen a mil y un sitio, a mil y una tarea, enfundadas en sus abrigos para no caer enfermas. Y ella que posa su mirada en el cielo raso, en la luna que de grande que está, parece que va a precipitar sobre la cabeza de todos aquellos que pasan por allí. Emite un suspiro que resuena en sus pulmones mientras sus ojos se dirigen a un lado y a otro en una búsqueda incesante que hace que se le acelere el pulso. Se frota las manos enfundadas en unos guantes rojos de terciopelo, acabando el movimiento justo cuando llegan a la altura de la cadera, quedándose los brazos entrelazados por debajo de los senos. Pierde la esperanza, se agota la paciencia, se diluye la escasa mueca de sonrisa que quedaba en sus labios. Como las últimas veces..., todo seguirá en silencio al llegar a casa. Como las últimas veces, su admirador secreto no ha tenido la valentía de aparecer y hacer realidad el entusiasmo que le proporciona cada ramo de flores en la oficina, cada carta perfumada que le llega los martes, las cajas de bombones que se apilan en el armario del salón, o las llamadas a media noche en las que un titubeo inicial deja paso al sonido estridente del pitido.
domingo, 30 de septiembre de 2012
Función #1: Todo seguirá en silencio
Estaba apoyada en un árbol mientras veía como revoloteaba una hoja en el suelo - ocre y con agujeritos que hacía menor su resistencia al viento -. La calle abarrotada por personas con prisa, que como hormigas se dirigen a mil y un sitio, a mil y una tarea, enfundadas en sus abrigos para no caer enfermas. Y ella que posa su mirada en el cielo raso, en la luna que de grande que está, parece que va a precipitar sobre la cabeza de todos aquellos que pasan por allí. Emite un suspiro que resuena en sus pulmones mientras sus ojos se dirigen a un lado y a otro en una búsqueda incesante que hace que se le acelere el pulso. Se frota las manos enfundadas en unos guantes rojos de terciopelo, acabando el movimiento justo cuando llegan a la altura de la cadera, quedándose los brazos entrelazados por debajo de los senos. Pierde la esperanza, se agota la paciencia, se diluye la escasa mueca de sonrisa que quedaba en sus labios. Como las últimas veces..., todo seguirá en silencio al llegar a casa. Como las últimas veces, su admirador secreto no ha tenido la valentía de aparecer y hacer realidad el entusiasmo que le proporciona cada ramo de flores en la oficina, cada carta perfumada que le llega los martes, las cajas de bombones que se apilan en el armario del salón, o las llamadas a media noche en las que un titubeo inicial deja paso al sonido estridente del pitido.
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